August Zim

Jefe de Seguridad de una nave de la Comunalidad

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Bio:

1.- Athinia

Gary Brattson (posteriormente August Zim) nace en Athinia, un mundo de la Zona Central (Core Worlds), a solo 16 años luz de Vieja Tierra, 152 años antes de la Era de la Expansión.
Durante lo que denomino “Mi primera vida”, vi los últimos coletazos del declive de la humanidad. El empuje hacia las estrellas hacia siglos que había cesado. El universo bullía de vida y civilizaciones descendientes de las antiguas naves colonizadoras, pero para para los mundos centrales, sin contacto con estas naves y planetas, era como si hubiesen perecido como barcos en las antiguas tormentas de los océanos.
Athinia, un antaño importante astillero y punto de salida de expediciones colonizadoras, hacía años que no construía o recibía una nueva nave. Su población, en constante mengua, se había empezado a aferrar a antiguos cultos religiosos, prohibidos por la Comunalidad, pero que de alguna forma, espoleaban las estancadas mentes de la gente, y les daban una esperanza, o al menos un sentido a una existencia vacía. Estos cultos, generaban constantes disputas, que acababan en costosas guerras para la población. Las guerras solo se detenían cuando llegaban las naves de la Comunalidad, y se reanudaban cuando esta dejaba de presionar
Desde pequeño había sido escéptico y retraído. Nunca había sentido interés por ninguna creencia, sino un asco profundo por aquello en lo que nos convertía, animales que solo querían aniquilar al que pensaba de forma distinta. Mi padre, Albin Brattson, uno de los ingenieros jefe del astillero, no era creyente, y era quien me había transmitido esa aversión a la religión. Para el, como perteneciente a la casta técnica, la respuesta evidentemente estaba en el conocimiento y en el saber.
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2.- La Comunalidad

Para mis padres no fue una sorpresa cuando les dije que me iba a presentar en la próxima nave de la Comunalidad que aterrizase, e iba a pedir alistarme. Fue doloroso, pero en el fondo sabían que si había alguna esperanza de escapar de aquella espiral de violencia, tenía que ser esa. A pesar de mi corta edad, y de la casi absoluta certeza de que no volveríamos a vernos, mi padre creía que era una decisión acertada. Para él era una cuestión de lógica y supervivencia. Mi madre no lo veía así, y su dificultad para asumirlo hizo aún más dura la despedida.
Empecé mi instrucción militar a los 16 años. Combatí contra mi propia gente obligándoles a detener sus guerras religiosas, a veces por la fuerza, otras veces a través de operaciones encubiertas de propaganda y neutralización cultural.
No era malo con el rifle, pero era aún mejor en Mindscape. Los años que había pasado buceando con mi padre en los archivos del astillero, buscando repuestos para las naves en reparación, identificadores de vuelo, perfiles de la tripulación,… habían sido grandes momentos compartidos, pero también una práctica que acabó convirtiéndose en un talento innato para moverme por entornos virtuales. Así que pronto dejé de estar en primera línea y empecé a prestar mis servicios desde los despachos de las salas de mando y control de las naves de la Comunalidad, buscando resquicios en la mente de los líderes religiosos, y en sus estructuras burocráticas, a través de la cuales alterar su comportamiento.
Y era bueno en ello. Muy bueno. Tanto que pronto pase de dirigir mis pequeñas operaciones a dirigir grupos de agentes con ámbitos de influencia interplanetaria. A los 21 años era sargento. A los 27 fui seleccionado para instrucción de mando en la Academia Naval de Annapolis, en la Vieja Tierra. Fui enviado en un viaje de 16 años. De allí salí el año -108NCE con el rango de teniente de navío. Mi padre no podía permitirse semejante viaje, y mi madre había fallecido hacia un año en un atentado de fanáticos religiosos. No tuve nadie con quien celebrar aquel día, ni nada más que me atase a nuestro planeta originario, así que pedí enrolarme en la primera nave que partiese de nuevo dirección a Athinia.
Pasé otros 16 años de viaje de retorno a mi hogar. En aquella época, este tipo de viaje era muy poco habitual. Las distancias eran tan largas, el tiempo discurría tan lento para los pasajeros, y tan rápido para los que quedaban en tierra, que creaba barreras casi infranqueables entre las personas. La extensión de la esperanza de vida había mitigado bastante este problema. Tus familiares seguirían vivos a tu llegada, pero tras quince, treinta, cincuenta años separados, las cosas casi nunca vuelven a ser igual.
La mayoría de la gente hacia estos viajes la mayor parte del tiempo en stasis. Se programaban despertares periódicos, cada uno a su voluntad, generalmente de pocas semanas de actividad, que se acababan reduciendo a conectarse a Mindscape y ver que pasaba en el universo mientras nosotros nos deslizábamos lentamente por el espacio. Mi caso era distinto. Mi habilidad en Mindscape me permitía volar mucho más lejos, y con una experiencia sensorial muy superior a la de la mayoría. Para mi, Mindscape realmente era un mundo paralelo, totalmente vivo, donde tenía una existencia, un trabajo, amistades, amores… En aquella época, y más aún, forzado por la insoportable soledad del viaje espacial, mi vida real estaba en el mundo virtual.
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3.- Guerra y decadencia

Desde allí dirigía operaciones clandestinas de intrusión, tanto en las guerras de Athinia como en muchos otros sectores del espacio conocido de la Comunalidad. Cuando llegamos a la heliopausa de Athinia, y el resto de mi promoción de Annapolis que me acompañaba empezaron a despertar, yo ya no era teniente como ellos. Era Capitán en la Instrumentalidad de la Fuerza Espacial, aunque mi cometido principal no era comandar navíos, sino actuar como enlace de inteligencia con el ISI, Instrumentalidad de Seguridad Interna. Para ellos fueron escasos meses de viaje. Para mí 12 años de experiencia en operaciones de intrusión en Mindscape.
En mi antiguo hogar las cosas no habían mejorado. El fanatismo se había vuelto radical y ultra violento, ya casi nadie recordaba el motivo de la guerra. Solo había odio.
Me sentí vacío. Mi hogar en tierra había sido arrasado. El astillero donde trabajaba Albin, mi padre, que tiempo atrás había sido un lugar maravilloso para jugar al escondite y admirar los grandes cascos de las naves coloniales, ahora estaba abandonado. Había sido objeto de varios atentados, y el riesgo de trabajar allí había acabado por cerrarlo. Mi padre, había perdido su trabajo, y no había tenido otra opción que embarcar en una nave de la corporación constructora,… que lo había enviado a centenares de años luz en stasis!
Mientras investigaba el destino de mi padre descubrí también que había tenido una hermana, y que esta tenía ya 26 años. Su nombre Ellinor Brattson. Quise intentar contactar con ella en ese momento, pero la guerra se recrudeció y fue imposible. Aquello solo acrecentó mi odio por todo lo que me rodeaba, y empecé a conducir las operaciones de forma altamente destructiva. Fue una etapa de la que no me enorgullezco. Desapareció de mi todo vestigio de humanidad o compasión, solo quería destruir a ambos bandos lo más rápido y cruel que me fuera posible, para que no pudiesen volver a alzarse en armas jamás. En el fondo, esperaba que alguien me detuviese, tal vez que me encarcelasen por criminal, o que me borrasen la memoria para olvidar todo aquel infierno. Es irónico teniendo en cuenta lo que ocurriría años después, pero la cuestión es que nadie me frenó. Más bien al contrario, fue ascendido y condecorado.
Ambos bandos quedaron tan exhaustos económica y moralmente, y tan hambrientos tras años de bloqueo comercial que no volvieron a oponerse a la Comunalidad, y fueron definitivamente “pacificados”.
Fui ascendido a Comandante, y obtuve mi primer mando en nave. Pero estaba mentalmente deshecho, no quería saber nada del mundo real, así que acepté una plaza en una Mindjammer, “Viento de Revelación” sabiendo que me embarcaba en una misión de exploración cuyo destino estaba a centenares de años del núcleo humano.
Mientras viajaba, continúe trabajando al servicio de la Fuerza Espacial, aunque mis capacidades en Mindscape, y mi presencia más en la red que en la vida real me recondujeron rápidamente a actuar de enlace de inteligencia entre el SFI y el ISI. Con el tiempo, y el trabajo compulsivo, acabé olvidándome de todo. De mi familia, de la guerra real, de mi soledad real. Dentro del universo virtual es muy fácil disfrazar todos esos problemas. Crear entornos en los que es fácil no mancharse con el barro de la contienda, o con el sabor agrio de la violencia. No formaba parte de mi trabajo llegar hasta las últimas consecuencias. Solo movía los hilos, conectaba hechos, investigaba, abría puertas traseras en organizaciones hostiles, y cuando había que dar el golpe, eran otros los que lo hacían.
Para mis subordinados, y tal vez para superiores poco interesados, yo era prácticamente una IA. Nunca me veían en ninguna reunión. Nunca estaba presente en ninguna operación. Siempre hablaba por comunicados, con cierto retraso, que cada vez era mayor a medida que me alejaba.
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4.- FTL

Cuando llegó el descubrimiento que lo cambió todo, el viaje FTL, era coronel de las Fuerzas Armadas y subdirector de Seguridad Interna en Mindscape. También participaba en numerosas actividades de Operaciones Encubiertas. Por encima de mí solo estaba la oficialía general del Almirantazgo, el Director General del ISI, El Consejo, y los Custodios.
Recuerdo que durante aquellos primeros años, parecía que las cosas realmente iban a cambiar. A diario aparecían nuevas noticias de contactos. Familias que se separaron hacia miles de años, volvieron a saber que su descendencia seguía viva, a millones de kilómetros, pero de repente, al alcance de la mano.
Las guerras cesaron en muchos sitios. El comercio se relanzó como nunca en la historia de la humanidad. Los viejos astilleros de Athinia volvieron a vibrar con pedidos masivos. Parecía que nuestro trabajo iba a dejar de ser necesario, pero pronto empezamos a contactar con civilizaciones que no tenían las mismas buenas intenciones.
Nuestra labor dejó de ser vigilar nuestro propio patio, y empezar a estar más atentos a aquellos nuevos planetas con los que contactábamos. Algunas de nuestras bienintencionadas naves nunca regresaron.
En mi viaje sin rumbo fijo acabé llegando al recientemente descubierto planeta Chembu. Aquel lugar me cambió. Viento de Revelación siguió su camino, y yo me quede allí una larga temporada, como Capitán del SCS Eco de Discordia. Un destructor de la clase Outremer Chevalier. Fue un destino relativamente tranquilo, vigilando el sector para asegurar el incipiente comercio interestelar en la zona, y que ningún grupo pirata o fuerza extranjera pensara siquiera en molestar a nuestros recientemente conocidos aliados de Chembu.
Viví allí muchos años y recuperé parte de la humanidad que creía haber perdido. No toda, pero si la suficiente como para volver a ser capaz de relacionarme físicamente de nuevo. Mi experiencia en Chembu es una larga historia. Cambió mi vida, y me dió un nuevo significado, aunque la mayoría de la gente no lo entendería. Quien no haya estado allí no puede comprender, así que hoy prefiero no hablar de ello.

5.- Contacto Venu

En el año 70 de la Nueva Era, se produjo el Primer Contacto Venu. Nuestras naves, que viajaban desarmadas, fueron destruidas. Los Venu no fueron los únicos que nos plantearon problemas, aunque si los más peligrosos. Pronto fue evidente que nuestra forma de aproximarnos a esas culturas debía dejar de considerarlos nuestros parientes de lejanos, y asumir que eran imperios alienígenas independientes, que pensaban y actuaban de forma muy distinta a la nuestra.
Nuestra forma de contactar era ingenua, tosca, ridícula e ineficiente. Y nos costaba vidas. Aquello no podía seguir así. La Instrumentalidad de Seguridad Interna empezó a trabajar en la creación de una nueva organización, que lidiase con los problemas que generaba cada nuevo contacto. Así, en el año 82 NCE, nació el SCI, la Instrumentalidad para la Integración Cultural. Yo estaba en la comisión de desarrollo.
Durante los siguientes años, fui transferido del ISI al incipiente SCI, siendo al mismo tiempo ascendido a general. No obstante, mis cometidos cambiaron muy poco. Mi edad y mi experiencia de campo, así como mi posición de enlace con la Fuerza Espacial me hicieron pronto un candidato idóneo para viajar al frente de la ola de contactos. Si el contacto no era amistoso y receptivo a la Comunalidad, a las pocas semanas había en el sistema alguien como yo para evaluar el proceso a seguir. Éramos la cara oscura, la parte no agradable esa brillante nueva oleada de la humanidad.

6.- Kaine y las Guerras Venu

Fue en aquellos años de las Guerras Venu cuando conocí a Kaine (Año 94 NCE). El general Jason McWilliam nos presentó. Habían sido adversarios durante varios años, hasta que un buen día McWilliam recibió un mensaje en el que Kaine le pedía asilo político, para él y toda la gente que le seguía, ya que pretendía desertar en masa. Todo un ejército desertó con Kaine. Se les llama el Ejército de los Caídos.
Kaine había sufrido una profunda decepción con su líder, y se había enfrentado a él abiertamente. Me contactaron para ser su enlace con el Ministerio de Guerra durante los siguientes años, en los que Los Caídos prestaron servicio combatiendo en distintos sistemas de la Zona de Cuarentena. No fue algo fácil, ni rápido, pero llegamos a conocernos bastante bien y, con el tiempo, a respetarnos a pesar de nuestras procedencias. El principio fue muy complicado. Nadie se fiaba de trabajar al lado de los “supuestos desertores”. Existía la clara posibilidad de que fuese una treta para traicionarnos. De hecho nuestra primera misión como fuerza combinada Comunalidad-Venu fue realmente un engaño del almirantazgo para probar la palabra de los Venu.
Nos enviaron como convoy de escolta para una nave diplomática en la que supuestamente viajaba toda la plana mayor del Almirantazgo. Nuestras naves eran destructores obsoletos y sin personal a bordo, y la nave diplomática por supuesto iba vacía. Yo y un pequeño grupo de suboficiales de la SFI viajábamos a bordo de la nave de Kaine. Creo que me eligieron a mí porque en esa época, y debido a mi constante ausencia por mis viajes, mi peso en el estado mayor era bastante reducido, así que cuando se pensó en un general sacrificable, fue una decisión fácil. Por suerte, ni nos traicionaron ni llegaron a enterarse de la prueba, cosa que podría haber provocado el efecto contrario al buscado.
Superados los recelos iniciales, se dispuso de una flota que conjuntamente con la flota de Kaine atacaría diversos sistemas bajo control Venu, con el objetivo de crear una zona segura de interposición. Se me asignó el mando de uno de los nuevos navíos de guerra de primera clase, el tipo Manowar “Nautilus”. Esta clase montaba el nuevo cañón de torsión de campo, que producía efectos devastadores en las naves Venu, ya que estaba específicamente diseñado para crear una reacción critica al impactar en motores de Radiación Oscura.
Los siguientes años de campaña militar volvieron a ponerme frente a la dura realidad de una guerra a escala interplanetaria. Por suerte para mí, había crecido mucho desde mi anterior campaña en Athinia. Esta no fue más agradable ni soportable, pero yo tampoco era el mismo. Esta vez tenía más autocontrol sobre mis actos, más experiencia, y por supuesto más responsabilidad, derivada de mi rango.
Combatí codo con codo con sus hombres, ex soldados Venu, de los que tanto yo como la Comunalidad obtuvimos mucha más información de la que disponíamos hasta entonces. Aquella deserción en masa fue un duro golpe para el enemigo, no por la pérdida de hombres, sino sobre todo por el conocimiento que adquirimos de ellos

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7.- Ripley y el 91ºRAAM

Durante aquella campaña aprendimos que necesitábamos mejorar nuestros esquemas y planteamientos de combate. Éramos lentos e ineficaces a la hora de responder a amenazas de origen fanático, o terrorista, o eventos imprevistos de culturas exteriores. Nuestra excesiva burocracia y las dificultades propias de una gran cadena de mando nos impedía sacar pleno rendimiento de nuestra Armada y de nuestro potencial tecnológico y estratégico. Empecé a pensar en cómo podríamos superar ese tipo de dificultad organizativa junto con el general McWilliam, y un pequeño comité que formé con gente del SCI, ISI y SFI.
Llegamos a una serie de conclusiones que presentamos al Consejo, y tras largas deliberaciones conseguimos aprobación y presupuesto.
El 13 de octubre de 114 NCE se firmó el acta de activación del 91º Regimiento Aero Espacial de Alta Movilidad (91ºRAAM).
Este regimiento estaba construido en torno a la idea de facilitar al máximo la versatilidad y la movilidad, para poder situarse en el escenario de combate en el mínimo tiempo posible. Se prima sobre todo la capacidad de maniobra y de reducir al máximo la cadena de mando y cualquier tipo de lastre administrativo y burocrático. La clave para ello es una libertad casi total de acción y decisión. Un ejército casi independiente, al servicio de un equipo de intervención sobre el terreno de la SCI. Así mismo, existe una prerrogativa del Consejo, que permite al 91RAAM asumir el mando de la nave más cercana a la zona de conflicto, si las propiamente pertenecientes al regimiento están demasiado lejos y no pueden prestar apoyo.
Para el cumplimiento de estas misiones se diseñó casi por entero una nueva clase de nave sentiente, que se denominó Clase Prometheus.
Es una nave de tamaño similar a la Explorer, que suele prestar servicio en el SCI. Tiene muy poco poder netamente ofensivo, pero gran capacidad de autodefensa gracias a su tecnología de ocultación y su defensa electrónica. Puede lanzar un pulso electromagnético capaz de freír los sistemas de la mayoría de naves. La mía en concreto esta pilotada por una Inteligencia Sintética llamada Resplandor-que-Ilumina-Pasado-Presente-y-Futuro. Su abreviatura es RIPPYF, aunque para hacerla más humana la llamaba Ripley, en honor a una vieja película de ciencia ficción. De hecho aquello le pareció tan gracioso que se acostumbró a usar un cuerpo sintético idéntico al de la protagonista de la película para facilitar las interacciones con humanos. Ripley ha sido mi principal compañía durante decenas de años. Ha sido una de las pocas “personas” que ha llegado a conectar a un nivel profundo conmigo.

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5.- El incidente Eestin

Todo cambió cuando se produjo el Incidente Eestin, en el Sector Clandess, a 800 años luz de la Tierra. El informe preliminar de Contacto decía que habían encontrado algo extremadamente raro. Algo tan raro que se consideraba como genuinamente alienígena. Algo que no tenía nada que ver con la Diáspora Humana. Nos enviaron a recoger… algo. Un artefacto de origen desconocido. Por primera vez se me planteaba un reto que realmente me superaba, algo que trascendía a la humanidad, y a mi equipo y a mí nos emocionaba profundamente, ya que contábamos con ser los que investigásemos aquello. Pero cuando llegamos vimos que no éramos en absoluto los primeros. Ya se había decretado un gran bloqueo en el sector, y había una altísima e inusual presencia de naves de SCI. Intentamos averiguar cosas a través de las redes de información internas, pero sucedió algo que nunca antes había sucedido. Se creó un nuevo nivel de información clasificada, al que no tenía acceso. Por supuesto, Ripley y yo pedimos explicaciones, intentamos obtener información por todos los medios a nuestro alcance….y …. Lo siguiente que recuerdo es verme inmerso en interminables borracheras. Cada vez que intento pensar en aquello el mundo a mi alrededor se empieza a llenar de sombras viscosas que me rodean, hasta que pierdo la respiración y la visión y empiezo a deslizarme lentamente hacia la nada. Luego despierto, ebrio, sudado, mareado, con la mente destrozada como por un mal salto, y no puedo recordar nada.
RIPPYF fue parcialmente desmantelado tras el Incidente Eestin. Su memoria fue borrada, y a la nave se le eliminaron una serie de elementos de alta tecnología solo disponibles para el SCI, y derivada al Ministerio de Movimiento, que tras un abandono 23 años en un astillero de mala muerte la volvió a poner en servicio para la sección de Contacto, bajo la denominación Esperanza-Del-Nuevo-Entendimiento.
Por suerte, Ripley fue más rápida que yo, o tuvo más margen de maniobra cuando todo se complicó. Yo no tuve escapatoria, pero ella si fue capaz de copiarse múltiples veces en Mindscape y enviarse a través de diversos núcleos de información contenidos en naves Mindjammer, por toda la galaxia. Y no solo hizo eso, sino que también tapó el rastro, y luego hackeó el reperfilamiento al que fui sometido, agregándole nuevas líneas de código que añadían una caducidad al bloqueo mental que me fue impuesto. Ese bloqueo empezaría a deshacerse en 50 años, tiempo que estimó suficiente para que la situación se enfriase un poco y tuviésemos algo de margen de maniobra.
Esos 50 años han pasado, y ahora empieza el desbloqueo mental. Ripley recuperó el control de la nave hace 4 años. Hackeó los sistemas de Contacto para autoproveerse de una tripulación e instrucciones de vuelo que fueran compatibles con su agenda. Y por supuesto para incluirme en la tripulación.
Durante esos 50 años yo no he sido yo, sino una sombra de aquel que fui. De fundar SCI pasé a ser un borracho encargado de la seguridad de una refinería orbital en la región de Chembu. Ripley contactó con el Mindjammer Viento de Revelación, a quien conocía a través de mis recuerdos, para que me sacara clandestinamente del sistema y me llevase a Chembu, donde tenía todavía amigos leales y fuera de toda sospecha.
Tras algunos años allí, Kaine consiguió localizarme y me sacó de aquel agujero. Desde entonces he viajado de incognito con su ejército, Los Caídos, Hasta hace 4 años, cuando Ripley reunió de nuevo a la tripulación
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August Zim

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